Una de las finalidades por las cuales Dios creó al hombre y a la mujer es para que se unieran en matrimonio. Si el fin principal del matrimonio es la salvación de nuestras almas ya seas marido o mujer, los hijos que se procreen de ese vínculo divino formarán una familia. La familia es un núcleo orgánico en el cuál crecemos espiritualmente y conocemos profundamente las bondades y virtudes humanas, fortaleciendo nuestras experiencias en Cristo. La familia es un agrupamiento orgánico de humanos en donde se vive la experiencia del Cristo vivo; por eso hablamos de que la familia es la primera Iglesia.
Nuestras vidas como seres humanos están marcadas por las experiencias que en ella vivimos. Esas experiencias pueden ser buenas y agradables o negativas y desagradables, y para ello dependerá del espíritu con el cual las vivamos. Dedicando nuestras vidas a Cristo, toda experiencia que vivamos será positiva al final, dado que en Él todo lo podemos: toda alegría se vive con mayor magnitud y toda dificultad u obstáculo será una prueba espiritual finalmente. Nuestra existencia está marcada por esas experiencias que más inmediatamente vivimos: el nacimiento de un nuevo miembro en la familia, bodas, cumpleaños, bautizos o reuniones en donde suceden acontecimientos que nos identificarán; o pérdidas de familiares, conflictos o contrariedades que después de todo contribuirán a nuestro desarrollo en muchos aspectos.
Con esto puesto en base, sabemos que la familia es el núcleo más inmediato en donde vivimos más de cerca éstas experiencias. Sabemos también que la familia es nuestra protección más cercana, nuestro abrazo más próximo o nuestro paño de lágrimas.
La familia es históricamente una institución creada por Dios que nos ayudará en nuestra salvación. La familia en sí, proviene del vínculo matrimonial creado por Dios entre un hombre y una mujer, para la ayuda mutua.
La familia es la primera iglesia. No podría decir con seguridad a partir de qué momento es que la concepción cristiana de familia fue desvirtuada, en que momento se hizo más bien una organización o un tipo de institucionalización en vez de una convivencia familiar: el Padre de familia más ocupado en pagar las deudas que en criar a los hijos, otros con deseos de continuar su control hasta en la edad adulta.
La realidad de las cosas es que no puede haber iglesia física sin familias. Una iglesia sin familias no es iglesia, y como tampoco somos monjes, pues no estamos hablando de un monasterio. Para que una iglesia exista y sobreviva, tiene que estar fundada sobre los valores de la familia. Lo que la iglesia es como organización divina suprema, la familia lo es como organización humana suprema. Son dos cuerpos paralelos: uno es divino, el otro aunque humano por ser la escala más alta, es la conexión a lo divino. En el mundo, sin familia no hay divinidad, no hay santificación de nada. Sin la familia como referente, cualquier amistad pierde su camino.
Como bien dijo un sacerdote amigo nuestro, la primera iglesia es la familia. La comunidad laica de una iglesia, es una representación de la vida familiar: una autoridad benigna que nos acerca a Dios, el cariño y cuidado dulces de una madre y la convivencia de nuestros hermanos, reunidos en torno a un banquete, algo por disfrutar. En la iglesia ese banquete es el Cuerpo de Cristo, en nuestra familia ese banquete es la faena de la vida diaria. La comunión es nuestro alimento espiritual, la vida diaria en familia es nuestro alimento emocional y lo que nos va formando en la generosidad y en el amor fraterno.
¿Cómo se puede ser un mejor padre, hijo o hermano? Lo que no se es en casa, no se es en la iglesia. No podemos pretender ser buenos amantes de la iglesia si no somos buenos esposos primero, no podemos ser generosos con la iglesia si no somos generosos en nuestras casas entre nuestras familias; no podemos ser ni tener buenos sacerdotes amantes de la Fe si no somos buenos amantes en lo sencillo, amantes de nuestras esposas; no podemos ser buenos sacerdotes guiadores del rebaño si no somos buenos guías para nuestros hijos, no podemos ser buenos hijos de la iglesia si no somos buenos hijos de nuestros padres.
Por eso, la familia es la primera iglesia.
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